Golpe en seco y vibraciones. Hemos aterrizado en Berlín Schöneberg. Miro por la ventana del avión, alegre asustada, sorprendida, con tantas cosas que hacer en los días previos a empezar las prácticas. Y sorprendida ¿por qué? Pues porque este lugar es muy llano. No veo ni una montaña ni aquí cerca ni allí a lo lejos. La otra y única vez que estuve en Berlín, vine en autobús y no me fijé en este detalle. Además, como persona de mundo que soy, pensé que en el Norte siempre hay montañas. Y ahora ¿qué hago yo sin unas montañas que rodeen esta ciudad? Déjate de tonterías que cuando viniste en Abril, te enamoraste de esta ciudad tan llana.

He llegado a finales de septiembre del año 2011. Al bajarme del avión noto una temperatura casi veraniega. Qué comienzo.

Gracias a contactos de Granada, un chico alemán me espera a la salida del aeropuerto. Con su ayuda llegaré a la ciudad y, no solo eso. Gracias a este chico tengo una habitación en un piso compartido (WG). Así que allí nos dirigiremos como primera parada para dejar mis cosas. La habitación no está amueblada, así que hoy mismo tendré que comprar, de segunda mano, un colchón si no quiero dormir en el suelo.

Casi no puedo hablar con el chico pues mi inglés es bastante básico y su español también. Por motivos de necesidad, y yo los tengo, una se adapta e inventa modos de comunicarse.

Saludo cordial, me monto en el coche y nos dirigimos a Berlín. Por el camino, ay Dios mío que grande es esta ciudad. En abril parecía todo estar más cerca. Claro que sólo estuve en zonas turísticas. La impresión que me causan las distancias recorridas el primer día, es de ser alguien diminuto. Y Yo vengo de Graná, ciudad que puede caber en uno de los varios barrios de Berlín. Ay mi Graná con sus montañas, su Alhambra, el mar tan cerca, el idioma que entiendo…Para ya, yo he querido esta aventura.

Además todo está saliendo bien. Acabo de llegar y ya tengo piso. Y el colchón vamos a ir a recogerlo que el chico alemán ya ha conseguido comprar uno ¿estará sucio?

Ver el colchón, darle el visto bueno, bajar el colchón, meterlo en la furgoneta de alquiler, conducir al piso donde tengo alquilada la habitación, sacar el colchón de la furgoneta, subirlo a la habitación, echarlo al suelo. Ya tengo cama y ¿sábanas? Las que yo llevaba en la maleta y que fueron mis sábanas en Varsovia. Así me traerán buenos recuerdos.

Agradecida a este chico alemán y a mi / nuestro contacto por haber organizado esta ayuda.

El chico alemán se dirige a mi y me dice que vamos a comer el mejor curry Wurst de Berlín y yo, pues vamos. Aún no sabía a que se refería. Mis expectativas, altas, mi sorpresa, mayor. Cuando me enseña lo que es el curry Wurst y donde está, en un quiosco metálico bajo el metro de Eberswalde Straße, yo me quedo sin palabras, aún menos de las que podía hablar. He de reconocer que de sabor estuvo bueno. Aún así no le haría tanta fiesta a una simple salchicha con salsa.

Ahora sí que sí, Berlín he llegado. Es final de septiembre y empiezo mis prácticas el lunes día 4 de octubre. Así que este fin de semana lo voy a aprovechar para conocer algo de la ciudad. Además, he conocido en el vuelo a un chico español, también nuevo en la ciudad y hemos intercambiado los números de teléfono. Creo que voy a llamarle para hacer algún plan porque sola sola no estoy acostumbrada a estar.

Son sólo 7 meses los que voy a estar. Una vez terminadas las prácticas me vuelvo a España con la familia, amigas y, bueno, ese chico que había sido mi vecino y que conocí hace unos días. Me gusta y me parece interesante. Su estilo de vida muy diferente al mío, pero me atrae. Ya se irá viendo que pasa con nuestro contacto al estar yo aquí. Tan lejos. Dijo que me visitaría. De momento son sólo palabras y yo estoy bien lejos.

Estoy cansada del viaje y de las gestiones del primer día. Ha sido movido pero todo ha salido bien. Me despido por hoy. ¡Hasta mañana Berlín!

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