En Junio del año pasado los síntomas de la depresión empezaron a salir a la luz limitándome una vez más en la forma de sentir, de respirar, de moverme, de mirar, de hablar, de vivir. No era la primera vez que esto me ocurría ni la última. Es una de tantas veces en las que mi vida se detiene para empezar a sufrir.

Hoy estamos en Mayo y han pasado diez meses de aquello. En los cuales he intentado por todos los medios sanarme. Terapias, estancias hospitalarias, centro de rehabilitación, apoyo de familia, pareja y amigos. Cuando pienso y recuerdo, lo poco que puedo recordar pues la memoria me falla bastante, pudiendo ser otra de las consecuencias de la depresión, cuanto sufrimiento he sentido. Teniendo cortos plazos de esperanza durante los cuales los síntomas remiten para darme una pausa y al poco tiempo, una o dos semanas, vuelven para recordarme que yo no tengo el control. Y es que esa es la sensación que me queda. Se siente como una lucha interminable en la que luchar aún sabiendo que la enfermedad va a seguir su curso y con el miedo de que en algún momento me gane la partida. Que pensamiento tan duro.

Durante las fases de remisión de síntomas, vivo con ligereza, me siento con ganas de vivir, vuelvo a sentir curiosidad por las cosas, quiero hacer planes y disfrutar de la compañía de las personas a las que quiero. Llego incluso a ilusionarme con la idea de que ya se acabó, con la idea de que la depresión ha desaparecido por un largo tiempo. Además el día se convierte en un espacio en el que planear y hacer cosas variadas. El día parece tener más horas.

Acabo de tener una de esas fases y ha sido maravillosa. Además me ha permitido llevar a cabo varias tareas que tenía que hacer. Papeleos que durante la fase depresiva se convierten en algo impensable. Y que una vez más vuelvo a ver que esa incapacidad es debida a la depresión y no a una desaparición total de mis capacidades, ya que con nada que esté algo recuperada, soy más que capaz. Y soy alguien muy resolutiva. También me di cuenta la semana pasada de que había recuperado la capacidad de leer en inglés. Tras meses sin poder hacerlo, ya que no entendía nada de lo que leía, se crea una sensación de incapacidad, como de haber perdido ese conocimiento y llegar a creer que se ha perdido para siempre. Así es la mente. Una vez más he vuelto a comprobar que ese conocimiento está en algún lugar de mi cerebro almacenado. Siendo imposible o muy difícil acceder a ello mientras la depresión está activa y dando por culo.

Me gustaría poder entender qué es lo que ocasiona mi depresión. Por qué estoy mal y de repente me empiezo a sentir vital y por qué paso repentinamente de esa vitalidad al pozo oscuro. Realmente parece ser algo que sucede sin mi control ni influencia. Como si algo dentro de mi fuera caprichoso y decidiera a partir de cuando quiere encender o apagar el interruptor de la depresión. Un botón que no es nada inofensivo pues determina mi vida y como sentirme en ella.

Un botón que activa filtros grises y negros por los que mirar mi vida, que influyen en mi forma de percibir cuanto pasa a mi alrededor, que vuelven a bloquear mis pensamientos y mis capacidades. Filtros que activan una sensación de miedo en mi, que me hacen sentir débil y muy vulnerable. Sensaciones tan dolorosas y que hasta hace un momento, antes de activar el botón, no estaban.

Querer entender como mantener ese botón apagado, qué más hacer para cuidarme y poder vivir una fase larga de estabilidad. Añoro esa sensación de poder vivir sin miedo. Poder vivir y moverme con ligereza. Recuperar mi vitalidad, no necesariamente la de mis veinte, pero sí la vitalidad que me muestra que tengo ganas de vivir. De disfrutar las pequeñas cosas de la vida, del día a día. La vitalidad que he sentido durante las últimas dos semanas y que ahora desde hace unos días ha vuelto a desaparecer.

Según una amiga podría deberse al ciclo de luna llena. Ojalá que así sea. A mí, en cuanto aparecen los síntomas, se me activan todas las alarmas. Me gustaría poder evitarlo pero no se cómo. Es esa sensación de no tener el control y de observar que igual que se fue, vino.

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